Historia pensada Música Narrativa

Soñar un Rey

Por Sergio Massarotto.

Marzo es el mes de muchas cosas. Es el mes de la mujer, de la memoria, es donde murió el César y es también el mes de San José, el padre trabajador. En Marzo se termina el verano y básicamente arranca la máquina. 

Este año dimos el paso desde y hacia la incertidumbre, pero lo dimos y acá estamos. En los barrios volvió el guardapolvo blanco, los niños dejaron las calles, la pelota y los conflictos de convivencia comenzaron a relajarse, a ocupar el lugar de baja intensidad que les corresponde en el orden de lo real. Las bandas a ensayar y a grabar más rápido, dando cuenta de que la pedaleada empieza. El fútbol también aparentaba acelerarse regresando al punto de tensión que mejor le queda y en cualquier momento pide gente en las tribunas. 

Todo parecía, promediando el mes, querer cortar esa niebla que nos atajó el año pasado. Desde las vacunaciones hasta las burbujas escolares, desde los recitales hasta los turnos rotativos de las fábricas. Y sin embargo, como el rey noruego que soñaba Borges, nos despertamos y la pandemia sigue ahí sentada en la orilla de la cama. 

Freud decía en El malestar en la cultura que las normas, la cultura, las costumbres están ahí para limitar nuestros instintos y con ello conseguir que la humanidad pueda convivir. Cierto malestar es inevitable. La idea está bien pero puede traer algunos problemas. Básicamente las costumbres, la cultura, etc. existen porque hay otros, porque nacemos en un mundo habitado en el cual luego haremos nuestro aporte. 

Prefiero, a lo jipi medio disney, creer que toda esa cultura y tradiciones están ahí para potenciarnos. Puede ser una idea trillada, sí, no más que la opuesta, de la libertad infinita que se bloquea por la presencia limitante de los demás. La apuesta es a buscar y elegir una libertad no infinita pero si ampliable en el concurso con los otros. Los compañeros de banda ayudan a que la canción del compositor suene, no limitan lo que había imaginado, lo potencian y lo hacen real. El equipo no limita al crack. La ley del off- side permite que el juego no se ponga aburrido. Lo importante es, entonces, saber que cuidarnos y hacer entre todos implica una conducta, al menos la mínima. Y eso es potenciarnos. Y otra vez, aunque suene a consejo de viejo caca, uno nunca debe perder la oportunidad de convertirse en alguien mejor. 

En esas anotaciones llego a la música orquestal de Valeria Romero, una compositora argentina, misionera aunque radicada en Buenos Aires. Un alma, una mente, un cuerpo que imagina música que luego será racionalizada en un papel y posteriormente distribuida entre otros cuerpos para que sea ejecutada. En el medio los ensayos, los intercambios, las correcciones, las sugerencias. Ahí está: las libertades se complementan y potencian en el concurso humano compartido. Si los otros fuesen obstáculos para la libertad del individuo no habría obra, no habría belleza. Hay algo cómico pero también duro y feo en aquellos que sospechan full time de los terceros o imaginan complots que atentan contra su voluntad a cada paso. La insensibilidad ante la cultura humana quiere desnudar algo, un rostro difícil de soportar que asoma un poco oscuro desde el fondo. 

Se va marzo y la conciencia juega el doble juego de esperanza y alarma ante la posible tormenta que acecha. Mejor poner el oído un rato a escuchar a otros humanos y perderse entre la gente que susurra armoniosamente desde la propia partitura.

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(Imagen: Jeffrey Hunter en la película Rey de reyes).

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